BIBLIOTágora el blog de Biblioteconomía y Documentación, en el que no se habla de Biblioteconomía y Documentación… sólo: "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda"

16 Desembre 2010

Enrique Morente (1942-2010): In memoriam

Filed under: Sociedad — anpoto @ 22:14 pm

 

10 Desembre 2010

Feminicidios en Juárez: la vertiente esotérica

Filed under: Violencia contra la mujer — anpoto @ 20:20 pm

 

Santiago Gallur Santorum* / Cuarta parte  | A pesar de los continuos asesinatos de mujeres, el gran teatro montado por la policía seguía activo: mientras se iban desmoronando las pruebas falsas fabricadas en contra de algunos de los inculpados, se estaban creando otras para reducir momentáneamente las presiones.  

En 2001, en un intento por lavar la imagen de la policía, los funcionarios de Chihuahua difundieron un video en las emisoras de televisión nacionales y le entregaron otro a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; en él, el Cerillo y la Foca confesaban los crímenes. El problema fue que la cinta resultó ser un montaje, con dobles de los inculpados, en el que las mujeres de ambos negaron que los torsos que se mostraban sin señales de torturas fueran los de sus maridos (no se veía en ningún momento el rostro de los acusados). Después de que se descubrió la trampa, el video desapareció de circulación. Así, en febrero de 2003, y como si de un aviso se tratara, la Policía Judicial del estado asesinó a Mario César Escobedo Anaya, abogado de Gustavo González Meza, la Foca, al confundirlo (supuestamente) con Francisco Estrada, un criminal buscado por la policía. Un año más tarde, González Meza murió en la cárcel de Chihuahua por una sencilla operación de hernia (Washington, Cosecha de mujeres, páginas 145, 146). El Cerillo fue absuelto de todos los cargos el 15 de julio de 2005 (Villalpando, La Jornada, “Otorgan el auto de libertad al Cerillo”). El 3 de marzo de 1999, Abdel Latif Sharif fue presentado ante los tribunales que lo condenaron a 30 años de prisión por el asesinato de Elizabeth Castro García. Apeló y, aunque su condena fue suspendida, permaneció en la cárcel a la espera de un segundo proceso. En febrero de 2003, 10 años después de que comenzaran a registrarse los feminicidios en Juárez, Sharif obtuvo una reducción de condena a 20 años (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 107, 114). El 2 de junio de 2006, murió Abdel Latif Sharif Sharif por un infarto de miocardio en la cárcel estatal de Aquiles Serdán (Villalpando, La Jornada, “Murió el Egipcio”).

Rituales de unión

Entre algunos sectores de México está arraigado el culto a la santa muerte. Se trata de un rito satánico que refleja un fenómeno contemporáneo con tradiciones antiguas: el santoral católico con la santería, el vudú y otras creencias más modernas. En ese tipo de rituales satánicos se cruzarían contenidos provenientes del satanismo: lo sacrificial y lo dañino a partir de invocar fuerzas negativas. Esto sugiere una especie de parte esotérica en determinadas conductas criminales caracterizadas por su gran violencia e impunidad. Es más, precisamente a partir de este culto se establecerían lazos o pactos de sangre y silencio, de los cuales depende esencialmente el “buen” funcionamiento de las organizaciones criminales que buscan con ello impunidad permanente (González, Huesos en el desierto, página 68).

Así, en 1998, se detuvo a Daniel Arizmendi López, criminal que reveló la existencia de una compleja red de una de las bandas de secuestradores más crueles del país, cuyos miembros cortaban una oreja a sus víctimas. Lo más destacado es que, en su refugio, tenía un altar de adoración a la santa muerte, en el que las plegarias formaban parte de su modus operandi para llevar a cabo los delitos. Al año siguiente, el 3 de febrero de 1999, fue asesinado en un tiroteo José Francisco Sánchez Naves, primer comandante de la Procuraduría General de la República (PGR), antiguo subdelegado de la Policía Judicial Federal en Sinaloa, Oaxaca, Nuevo León, Distrito Federal, Sonora y Chihuahua (precisamente fue en este estado, en la primera mitad de la década de 1990, donde estuvo en su esplendor el cártel de Juárez). Después de su muerte, trascendió que Sánchez Naves trabajaba también para el cártel de Juárez y que además era adepto a la santa muerte. Asimismo, salió a la luz que Amado Carrillo Fuentes, jefe del cártel de Juárez, era asiduo a los santeros y santeras en sus viajes a Cuba. Pero lo que llama la atención es que más cárteles eran adeptos a la santa muerte. Es más, en abril de 2001, las autoridades federales descubrieron, en la mansión que Gilberto García Mena, uno de los jefes del cártel del Golfo, poseía en Guardados de Abajo (un pueblo del estado de Tamaulipas), una choza que funcionaba como capilla de la santa muerte. Ahí se rezaba a un esqueleto rodeado de velas, vestido con ropaje talar y aura divina, para buscar poder y protección (González, Huesos en el desierto, páginas 72, 73).

La hipótesis del vínculo entre el satanismo y narcotráfico es tan evidente que, incluso, el propio estado es consciente de esta relación. En noviembre de 1998, Víctor Manuel Soto Camacho, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Pública de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, reveló detalles sobre las conexiones, estructura, lenguaje, usos y costumbres del crimen organizado en la ciudad de México. Según afirmó, éste era protegido por mandos policiales medios; había una unión entre policía y delincuentes a través de rituales de iniciación, que consistían fundamentalmente en cometer algún delito o incluso participar en ceremonias de tipo narcosatánico, en las que se consumían drogas. Es más, según fuentes anónimas que pertenecieron a la Policía Judicial Federal (PJF), existe una hermandad del crimen entre policías y delincuentes, cuyo núcleo es la creencia en la santa muerte (González, Huesos en el desierto, páginas 74, 75).

La tabla
Mientras el vínculo entre satanismo y narcotráfico empezaba a ser conocido, los feminicidios de Ciudad Juárez aportaban pistas que interrelacionaban ambas actividades. En marzo de 1996, desapareció, en Ciudad Juárez, María Guadalupe. Sus familiares y amigos la buscaron por días en Lomas de Poleo, un terreno semidesértico a las afueras de la ciudad. Descubrieron una cabaña de madera en medio del desierto. Afuera de ésta, encontraron velas negras y rojas, y una tabla, de unos 2 metros de alto por 1.5 de ancho, llena de dibujos detallistas. Rosa Isela Pérez, periodista del diario El Norte, que pudo examinarla, detalla:
  

“… En el centro de una de sus caras, la tabla tenía el dibujo de un escorpión (símbolo de los narcotraficantes) y en uno de los lados de éste se encontraba la figura de tres mujeres desnudas, de cabello largo, sentadas en bancos con la mirada hacia el escorpión. Debajo se hallaba la figura de una mujer sin ropa, recostada y maniatada. Tenía una expresión de tristeza, los ojos cerrados (…) Encima del escorpión, hacia su lado derecho, había cinco o seis soldados dibujados de pie, detrás de unas matas que semejaban marihuana. En la parte baja de la tabla, había trazos similares y entre sus hojas se asomaban los rostros encapuchados de cuatro hombres. En la parte alta de la tabla, había un signo de baraja, un As de Espadas. En el anverso de la tabla, en su centro, mostraba a dos mujeres recostadas, desnudas, las piernas flexionadas y abiertas (…) En la parte superior, estaba el signo de un As de Tréboles y el medio cuerpo de dos mujeres desnudas que parecían sonreír. Todas las mujeres tenían el cabello largo; sus respectivos rostros mostraban rasgos finos. La parte baja de la tabla tenía manchas de cera negra y roja. Allí, se habían grabado números y letras que parecían referir a las placas de tres vehículos. A media tabla del anverso, se encontraba también el dibujo de un (pandillero narcomenudista) con gabardina y sombrero”. Además, el interior de la cabaña presentaba un escenario muy parecido: huellas labiales en las paredes, cera negra en el piso, ropa femenina y manchas, aparentemente de sangre fresca (González, Huesos en el desierto, páginas 74, 75).Al día siguiente, agentes de la Policía Judicial de Chihuahua exigieron a los voluntarios que habían encontrado la tabla que se la entregaran. A pesar de que éstos se negaron, se la dieron a Victoria Caraveo, coordinadora de organizaciones civiles de Ciudad Juárez, que la mandó a la Subprocuraduría de la zona Norte del estado. Al poco tiempo, las autoridades dirían que la tabla había sido enviada “a otra ciudad” para analizarla. Hasta ahora, el paradero de esta prueba esencial es desconocido; es como si nunca existiese (González, Huesos en el desierto, página 75).

El poder del cártel de Juárez
Es necesario entender que esta organización es el mayor poder económico que existe en la ciudad fronteriza y, por lo tanto, la mayor fuerza de influencia y corrupción política (Organización de las Naciones Unidas, Informe sobre la misión en Ciudad Juárez), es decir que cualquier acción que perjudique a dicha organización, sea en el contexto que sea, será evitada por una extensa red de personas muy poderosas que están dentro del ámbito económico y político de la ciudad, del estado de Chihuahua y del propio país.

El 3 de junio de 2001, Isabel Arvide publicó en Milenio (a partir de fuentes militares de inteligencia) la complicidad y la red de protección a narcotraficantes en el estado de Chihuahua por parte de políticos y del poder empresarial. Entre todos los nombres, destacan los de Jesús José Solís Silva, el Chito, coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública en Chihuahua; Crispín Borunda; Raúl Muñoz Talavera, hermano del narcotraficante Rafael Muñoz Talavera; Dante Poggio, exagente de la PJF, y Osvaldo Rodríguez Borunda, dueño de El Diario de Chihuahua y El Diario de Juárez. A su vez, todos ellos eran vecinos y amigos del gobernador Patricio Martínez. Curiosamente, ningún medio de comunicación rebatió estas informaciones, excepto los de Rodríguez Borunda, que presentaron una demanda contra Isabel Arvide por difamación. La periodista, después de ser arrestada, presentó ante el juez una copia de una orden de aprehensión federal de 1994, por contrabando, contra dicho empresario (González, Huesos en el desierto, páginas 246, 247).

El 7 de enero de 2002, Jesús José Solís Silva, el Chito, vinculado en el pasado con la mafia y el narcotráfico juarense, era nombrado nuevo procurador de Chihuahua. Un año antes, se realizó un decomiso de 2 toneladas de cocaína en una bodega de Ciudad Juárez. El jefe de los narcotraficantes pidió a los agentes federales que avisaran al dueño de la droga, su hermano el Chito. El que era nombrado nuevo subdirector operativo de la Policía Judicial del Estado de Chihuahua (y mano derecha del Chito), Vicente González García, había sido también hombre de confianza del exjefe de ese mismo cuerpo, Elías Ramírez, acusado de ser protector del narcotráfico de la zona, además de ser íntimo del también corrupto subprocurador federal, Javier Coello Trejo. Casi un mes después, el 1 de febrero de 2002, Jorge Campos Murillo, subprocurador federal, declaró al diario Reforma que “la PGR solicitó al FBI (Oficina Federal de Investigación) la información de las investigaciones que ha efectuado desde 1998 en torno a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez”. Sin embargo, al final de su declaración, aseguraba que comenzaría a investigar a los hijos de familias destacadas de Ciudad Juárez (narcojuniors). Una semana después de estas declaraciones, Campos Murillo dejaba sospechosamente la Subprocuraduría (González, Huesos en el desierto, páginas 247-249).

*Doctorante en historia contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela, España

7 Desembre 2010

Feminicidios en Juárez: policías fabrican culpables

Filed under: Violencia contra la mujer — anpoto @ 18:14 pm

 

Santiago Gallur Santorum* / Tercera parte | En 1995 Latif Sharif, el Egipcio, realizó la prueba de caligrafía que demostró que su letra no era la del Diario de Richie (un texto encontrado poco antes en el que se describía cómo se había asesinado a varias mujeres en Ciudad Juárez). Y aunque el supuesto culpable estaba tras las rejas, el 15 de diciembre se encontró el cuerpo de una joven de 14 años. A partir de entonces, el goteo de víctimas fue tan intenso que, el 13 de abril de 1996, las autoridades organizaron un gran operativo en los bares del centro de la ciudad, centrado especialmente en el Joe’s Place. Hubo unas 50 detenciones, de las que al final se quedaron en prisión preventiva sólo 15 personas. Entre ellas, estaban los integrantes de una banda callejera: Los Rebeldes, encabezada por Sergio Armendáriz, alias el Diablo (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 106, 197). Dos días después, las autoridades anunciaban la detención de los ocho presuntos responsables de los crímenes de 17 jóvenes. Sin embargo, el 19 de abril la Comisión Estatal de los Derechos Humanos denunciaba que seis de los ocho detenidos habían sido privados ilegalmente de su libertad y que se les había obligado a firmar declaraciones alteradas. Cada uno de Los Rebeldes negó los cargos, denunciando públicamente los golpes y torturas a los que fueron sometidos (González, Huesos en el desierto, páginas 19, 20), para que afirmaran que habían asesinado, por orden de Sharif, a 17 mujeres, previo pago de 1 mil dólares por víctima (Fernández, La ciudad de las muertas, página 107).

El 19 de abril de 1996, Sharif convocó a una rueda de prensa en el Centro de Readaptación Social (Cereso) donde estaba recluido, proclamando su inocencia y aportando datos que un informante anónimo le había comunicado. Mencionó que Alejandro Máynez, hijo adoptivo de Guillermo Máynez (propietario de varios locales de la ciudad donde se reunían policías con narcotraficantes) y su primo Melchor eran los asesinos de más de 50 mujeres, insistiendo en que este último sería el autor del famoso Diario de Richie (González, Huesos en el desierto, páginas 20-22).

Valenzuela

Durante los años posteriores, el Egipcio (apodo de Sharif) ampliaría las acusaciones contra Alejandro Máynez y su primo Melchor. Afirmaba que Alejandro estaba protegido por la policía, concretamente por su amigo Antonio Navarrete, exjefe de Homicidios de la Policía Judicial del Estado (González, Huesos en el desierto, páginas 20-22). La fuente en la que se apoyaba Sharif era un soplón de la Policía Judicial Federal, Víctor Valenzuela, que, al ver que alguien inocente iba a ser condenado por esos asesinatos, decidió ayudarle con toda la información que tenía sobre las asesinadas. Como afirmó Sharif: “Me confirmó que él sabía quién mataba a las mujeres de Juárez. Está convencido de que soy víctima de una manipulación […] me dijo que las autoridades debían investigar por el lado de los primos Máynez, que se llevan a las víctimas en la mañana generalmente y que buscan chicas pobres para no tener problemas […] Enterraron varias víctimas en dos ranchos, el Santa Elena y el segundo en Villa Ahumada, al Sur de Juárez” (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 104, 105).

El 18 de junio de 1999, el periódico Reforma publicaba las declaraciones de Valenzuela sobre los Máynez: “Un día, en 1992 o 1993, creo, me invitó incluso a participar en una violación, pero me negué”. Según sus declaraciones, ambos primos comenzaron a matar juntos y continuaron cada uno por su lado. “Melchor venía de El Paso, donde trabajaba, y cometía sus crímenes en Juárez y regresaba del otro lado por el puente, a pie”. Alejandro, al parecer, fue interrogado por la muerte de su amante de aquella época, y salió libre de sospechas: su expediente desapareció de los archivos de la policía. Valenzuela, después de reafirmar, en mayo de 1999, que entre ambos primos habían matado a más de 50 mujeres, reiteró su testimonio ante los diputados federales Alma Vucovich (Partido de la Revolución Democrática) y Carlos Camacho (Partido Acción Nacional), que fueron acompañados de dos periodistas, uno del Distrito Federal y otro de El Paso (Fernández, La ciudad de las muertas, página 105).

Las declaraciones de Sharif y Valenzuela empezaron a apuntar más alto. Señalaron como implicados en los feminicidios a Francisco Minjárez, comandante del Grupo Especial Antisecuestros de la Policía Judicial de Estado; a Antonio Navarrete, responsable operativo de la Policía Municipal de Ciudad Juárez, y a Francisco Molina Ruiz, exprocurador del estado de Chihuahua, senador de la República y exjefe del Instituto Nacional de Lucha contra la Droga. Según Valenzuela, los dos policías protegían y eran socios de Alejandro y Melchor Máynez en el tráfico de drogas y joyas, con el consentimiento de Francisco Molina. El soplón también aseguró que en una conversación entre los dos policías y Alejandro Máynez, éste había contado cómo mató a dos mujeres. Curiosamente, Abdel Latif Sharif fue detenido por Francisco Minjárez, que (según Valenzuela) le dijo a Alejandro Máynez que no se preocupase más, ya que, “con la detención del Egipcio, no hay problema. Todo se lo cargaremos a él”. Afirmación que se repetiría con la detención de Los Rebeldes: “Serán condenados por todos esos crímenes” (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 114-115). Es más, el mismo Barrio Terrazas llegó a afirmar, aunque no públicamente, una realidad intuida en Juárez: “Detrás de los asesinatos de mujeres y niñas, hay una mafia, con la que no hay que meterse. Ésta es la verdad… y arroja los cuerpos en la vía pública para chantajear al gobierno o presionarlo” (González, Huesos en el desierto, página 167).

 


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 La ciudad de Juárez se encuentra en plena frontera con Estados Unidos

 

Víctor Valenzuela contó todo lo que sabía a Suly Ponce, fiscal especial encargada de los asesinatos de mujeres en febrero de 1999. Para Ponce, estas declaraciones no tuvieron ningún interés, y justo a la salida de las dependencias de esa Fiscalía Especial, Valenzuela fue detenido por la Policía Judicial. Lo acusaron de haber vendido droga en la calle en ese mismo instante. A pesar de que el acusado lo negó todo, fue condenado a varios meses de cárcel. Después de su salida, en 2000, nadie volvió a saber nada de él, y a pesar de la contundencia de sus declaraciones, ninguno de los policías y políticos implicados fue siquiera investigado. Tiempo después, las graves acusaciones realizadas por Valenzuela fueron confirmadas por Nahún Nájera Castro, exrepresentante de la oficina del procurador del estado para la zona Norte en Ciudad Juárez, y por Martín Salvador Arce, exoficial de la policía municipal. Según ambos, Minjárez y Navarrete encabezaban una red de protección de policías corruptos que habrían cometido numerosos asesinatos, participando además en el narcotráfico. Curiosamente, el Grupo Antisecuestros de Chihuahua de Minjárez, creado en 1993, fue acusado, desde el principio, de no investigar todos los asuntos y de favorecer la impunidad que tenían los secuestradores en la zona (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 115, 116). El 23 de enero de 1997, el Tribunal Supremo de Justicia del Estado de Chihuahua le confirmó a Sharif una sentencia absolutoria sobre los siete cargos de homicidio ocurridos en 1995 y que le fueron imputados en 1996 (González, Huesos en el desierto, página 116).

Los Ruteros

La fabricación de chivos expiatorios no concluía. Mientras las pruebas contra Sharif y Los Rebeldes eran desechadas por los jueces, otras se iban construyendo con nuevos sospechosos. El 18 de marzo de 1999, Nancy Villalba González, de 13 años de edad, que había falsificado su identidad para trabajar en una maquiladora, sobrevivió a una violación e intento de asesinato por parte de un conductor de autobús, que la abandonó en un lugar donde posteriormente se descubrieron 12 cadáveres. La menor denunció a su agresor: Jesús Manuel Guardado Márquez, alias el Tolteca. La policía aseguró que éste formaba parte de una banda de violadores y asesinos de mujeres que estaban dirigidos, desde la cárcel, por Sharif (González, Huesos en el desierto, páginas 144, 145). Después de haber sido identificado por Nancy, el Tolteca dio una serie de nombres de amigos y compañeros de trabajo, entre los que estaba Abdel Latif Sharif Sharif. El grupo delictivo era reconocido como Los Choferes o Los Ruteros, y se les acusó formalmente de 12 asesinatos de mujeres. Según la policía, Sharif pagaba a Los Choferes, para que asesinaran a mujeres, 1 mil 200 dólares por cada víctima. El argumento era idéntico al utilizado en el caso de Los Rebeldes. Sin embargo, al poco tiempo de su confesión, de nuevo los acusados denunciaban brutalidades y torturas en los interrogatorios policiales (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 111, 113).

El Cerillo y la Foca
Mientras se seguían inventando culpables, los cuerpos de mujeres asesinadas continuaban apareciendo. El martes 6 de noviembre de 2001 fueron encontradas tres adolescentes, de entre 15 y 25 años, en un campo algodonero propiedad de la familia Barrio. En total, serían ocho víctimas en un mes, de las que, según declaraciones del procurador González Rascón el 9 de noviembre, cinco habían muerto por estrangulamiento. Al día siguiente, un grupo de agentes encapuchados, en un vehículo de la Policía Judicial de Chihuahua, vestidos de negro y sin insignia de la policía, detuvieron de forma irregular a Víctor Javier García Uribe, el Cerrillo, que ya había sido acusado en 1999 de violación y homicidio de mujeres, y a Gustavo González Meza, la Foca. La captura de García Uribe se había producido sin orden de aprehensión, a la fuerza; además fue retenido en un sitio clandestino de Ciudad Juárez antes de ser puesto a disposición judicial. El 11 de noviembre, González Rascón anunció que ya tenía dos culpables de los ocho homicidios recientes: el Cerillo y la Foca, dos conductores de autobús. Según el procurador, llevaban años dedicados a secuestrar y matar mujeres, después de consumir “alcohol, cocaína y marihuana”. Además, los detenidos habían confesado los crímenes y el nombre de cada una de las víctimas. Sin embargo, la sociedad civil y los medios de comunicación se mantenían escépticos ante el nuevo rumbo de las investigaciones (González, Huesos en el desierto, páginas 232-238).

El 14 de noviembre, los acusados denunciaron la tortura a la que fueron sometidos para que se declararan culpables ante José Alberto Vázquez Quintero, juez Tercero de lo Penal (Amnistía Internacional, Muertes Intolerables). A pesar de ello, fueron encarcelados (Villalpando, “Dictan formal prisión al Cerillo y la Foca”, La Jornada). Una semana después, Carlos Gutiérrez Casas, director del penal de Juárez, le entregó a Vázquez Quintero un informe de las lesiones por tortura que presentaron García Uribe y González Meza al ingresar en el penal. Según los acusados, los detuvieron oficiales de policía que usaban máscaras de halloween. Posteriormente, los trasladaron a una “casa de seguridad” donde fueron torturados –tenían los ojos vendados y recibían descargas eléctricas– para que se confesaran culpables de los asesinatos de las ocho mujeres. En una de las sesiones de tortura, entró una mujer que dijo ser representante de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Les preguntó cómo los habían tratado. Al quejarse de las vejaciones sufridas, éstas continuaron. Sin embargo, uno de los acusados reconoció la voz en la televisión de esta supuesta representante de derechos humanos. Resultó ser Suly Ponce, exfiscal especial para los asesinatos de mujeres. El responsable de la detención y el maltrato de ambos detenidos había sido Alejandro Castro Valles, primer comandante de la Policía Judicial de Chihuahua. Éste fue denunciado junto con Francisco Minjárez, en 1999, por sus nexos con el narcotráfico (Washington, Cosecha de mujeres, páginas 144, 240).

*Doctorante en historia contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela, España

3 Desembre 2010

¿La UE contra la Democracia?

Filed under: Sociedad,UE — Etiquetes: — anpoto @ 19:22 pm


En este momento, a puertas cerradas, gobiernos y oficiales de la UE están decidiendo el destino de una importante reforma democrática que podría comenzar a transformar el modo de hacer política en Europa, dominada hasta ahora por una élite conformada por gobiernos, y poderosas empresas y grupos de presión.

La Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) obligará a la Comisión Europea a considerar y responder a las solicitudes que provengan de al menos un millón de ciudadanos. Se trata de una innovación radical en el modelo de gobierno de la UE, y parece haber alarmado a un número de gobiernos y funcionarios que están ahora intentando enterrar la iniciativa bajo una montaña de requisitos burocráticos y barreras que socavarían seriamente el nivel de participación ciudadana.

Miembros del Parlamento Europeo están luchando contra viento y marea para lograr la adopción de normas que faciliten el acceso a la ICE. Necesitamos generar urgentemente una protesta ciudadana masiva para apoyar a los parlamentarios y contrarrestar la posición de los gobiernos y funcionarios que se oponen a crear el modelo de democracia directa que los ciudadanos queremos. Firma la petición abajo: el eurodiputado Gerald Häfner, que está en primera línea de las negociaciones, presentará nuestra petición en todas y cada una de las reuniones en Bruselas en las que nuestra voz pueda marcar una diferencia:

http://www.avaaz.org/es/eu_citizens_initiative/?cl=842931233&v=7630

Durante décadas, la UE ha sido acusada de padecer procesos de toma de decisión complejos y poco democráticos, lo que ha supuesto que la política europea resulte inaccesible para los ciudadanos. Pero ahora, la Iniciativa Ciudadana Europea, introducida por el Tratado de Lisboa el año pasado, podría convertirse en un verdadero punto de inflexión en los esfuerzos por reducir el actual déficit democrático de la UE.

Algunos Estados miembros, que temen una mayor participación ciudadana directa en el proceso legislativo, insisten en que cada firmante de una iniciativa proporcione su número de identificación (DNI) o de pasaporte, un requisito que reduciría drásticamente el número de firmantes. Organismos independientes de protección de datos en Europa ya se han manifestado al respecto, y opinan que la verificación de los firmantes no requiere de dichos números de identificación. De hecho, la recopilación de esta información resultaría intrusiva y podría dar lugar a fraudes.

La Comisión Europea también ha propuesto algunas condiciones muy estrictas, relativas al plazo máximo para juntar las firmas y al número de firmantes necesarios por país, que en la práctica excluirían a muchos grupos de ciudadanos de la posibilidad de utilizar la Iniciativa. El Parlamento ha respondido a estas propuestas con propuestas más favorables para los ciudadanos: por ejemplo, un plazo de 18 meses para la recolección de firmas y el establecimiento de cuotas nacionales más flexibles (una quinta parte de todos los Estados miembros de la UE) necesarias para la aceptación de una iniciativa.

Avaaz ya ha hecho uso de la Iniciativa para mejorar la democracia en Europa, reuniendo más de un millón de firmas, y ahora estamos tratando de que sea aceptada como la primera Iniciativa Ciudadana Europea de todos los tiempos para frenar los cultivos genéticamente modificados en Europa hasta que no exista una evidencia científica sólida al respecto. Pero existe el riesgo de que esta, o cualquier otra iniciativa que propongamos, pueda verse paralizada si los negociadores de la UE logran imponer sus estrictas condiciones.

Las negociaciones están entrando en la fase crítica: actuemos ahora para que la Iniciativa Ciudadana Europea pueda convertirse en un verdadero instrumento democrático y el gobierno de la UE esté al servicio de todos nosotros. Firma esta petición ahora y reenvía este mensaje a todos tus conocidos:

http://www.avaaz.org/es/eu_citizens_initiative/?vl

Con esperanza,

Luis, Benjamin, Alice, Paula, Alex, Ben, Pascal, Ricken y todo el equipo de Avaaz.

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Más información:

“Democracy International” promueve la democracia directa, y es el principal patrocinador de la Campaña por la Iniciativa Ciudadana Europea:
www.democracy-international.org

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Avaaz es una red de campañas mundial de 5.5 millones de personas, que trabaja para conseguir que las opiniones y valores de la gente en todo el mundo modelen los procesos de toma de decisión. El vocablo “Avaaz” significa “voz” o “canción” en muchos idiomas. Los miembros de Avaaz pertenecen a todas las naciones del mundo; nuestro equipo está ubicado en 13 países a lo largo de 4 continentes y opera en 14 idiomas. Para conocer más sobre las campañas más importantes de Avaaz, haz click aquí, o síguenos en Facebook o Twitter.

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