El trasvase de agua del Ebro hacia el este y sureste peninsular es difícilmente aceptable hoy día, desde el punto de vista científico, ambiental y económico. Sin embargo, desde hace un siglo, todos los gobiernos anteriores al actual han prometido llevar el agua hasta esas zonas. Esto, unido a las buenas condiciones climáticas y a la disposición de terrenos, ha supuesto un imparable proceso de extensificación de los regadíos y, por consiguiente, de incremento de la demanda de agua, totalmente insostenible. Las condiciones sociales y la sensibilidad hacia el medio ambiente no son en estos días las mismas que hace dos o tres décadas y desde luego las que existían en España cuando se fomentaron y prometieron los primeros
megatrasvases. El problema no es de fácil solución por cuanto desde el año 2000 existe en los países de la UE una Directiva que no favorece la política de los trasvases y, en el caso de que se produzcan, los costos deben repercutirse íntegramente en sus usuarios. Esto hace inviable su utilización para la mayor parte de los agricultores y además el impacto ambiental que se produciría sería muy notable. Sin embargo habrá que atender en la medida de lo posible, las demandas generadas en todo el arco mediterráneo peninsular. La desalación, aun cuando es muy contestada por algunos ecologistas, se vislumbra como una solución parcial aceptable. Para que los trasvases puedan tener lugar es preceptivo que primero se constituyan Comunidades de Usuarios tanto de aguas subterráneas, como de superficiales y en el levante y sureste español, tras veinte años de vigencia de la ley de Aguas, apenas hay constituidas algunas. Por otro lado, un buen número de las captaciones de aguas subterráneas que explotan incontroladamente los acuíferos o son ilegales o están en la práctica fuera de la gestión de las Confederaciones. El problema está muy lejos de resolverse. Mientras tanto los políticos deberían dejarse informar por los científicos y técnicos y dar a conocer con veracidad la naturaleza y alcance del problema. Fermín Villarroya Gil

define la estructura y dinámica del sistema de la comunicación global y local determina el tratamiento y la construcción de la realidad social en el conjunto de discursos que se construyen en los diferentes medios de comunicación. En este caso, el objeto de estudio es, precisamente, constatar que, como efecto relevante de la lógica dominante citada, la construcción discursiva audiovisual del programa de Cuatro Callejeros se lleva a cabo trasgrediendo la realidad social que pretende trasmitir, “la cotidianidad del barrio del Cabanyal en Valencia” y convirtiéndola en espectáculo persuasivo para consumidores en lugar de una construcción dialéctica que permita la producción de sentido a los ciudadanos en cuanto receptores/telespectadores. Precisamente, lo que, a nuestro juicio, representa “Cabanyal, herida abierta”, un trabajo realizado por el equipo del programa Crónicas, de La 2 de RTVE. 

“sólo serán de aplicación a los estudiantes que tienen como actividad exclusiva el desarrollo de su proceso formativo” indica.
Pederastia en la Iglesia Católica