BIBLIOTágora el blog de Biblioteconomía y Documentación, en el que no se habla de Biblioteconomía y Documentación... sólo: "El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda"

27 agost 2011

El 28 de agosto, primera protesta ciudadana por la reforma laboral y constitucional

Filed under: Sociedad — anpoto @ 14:43 pm

Acampada Valencia

Tras la toma de decisiones que tuvo lugar ayer en la asamblea de acción de Barrios, Pueblos y Universidades, el Movimiento 15M Valencia se adhiere a la iniciativa de otras asambleas y colectivos españoles de promover para mañana, domingo, 28 de septiembre, una primera concentración en contra de la reforma laboral y de la propuesta gubernamental modificadora de la Constitución.

Los ciudadanos decimos NO a más recortes sociales, educativos, sanitarios y culturales. Los ciudadanos decimos NO a condiciones laborales más precarias y al rechazo de los débiles privilegios conseguidos con sangre y sudor a lo largo de todo el siglo XX.

Los ciudadanos defendemos nuestros derechos y nos negamos a aceptar decisiones en las que no nos permiten participar. Decisiones que tienen trascendencia en nuestro modo de vida y en el futuro de nuestra descendencia.

Anima a tus vecinos, familiares y amigos a venir el domingo, a las 19:00, a la Plaza del 15M. Y recuérdales también que, tras el verano, la lucha continúa aún con más fuerza. Que unidos somos más grandes y podremos conseguir cualquier objetivo.

Después habrá asamblea y se propondrán acciones posteriores.

NO ES TAN DESCABELLADO ¡LOS CIUDADANOS SIMPLEMENTE QUEREMOS PARTICIPAR EN LA TOMA DE DECISIONES QUE NOS AFECTAN!

17 agost 2011

Susan George desmonta las políticas de austeridad del FMI

Filed under: Economía,Sociedad — anpoto @ 16:11 pm

Entrevista a Susan George  | (Nick Buxton)

“Ningún país ha mejorado con las políticas de austeridad dictadas por el FMI… “La gran causa de la crisis de la deuda: los gobiernos han asumido las deudas de bancos privados, que estallaron con la crisis financiera”.

Susan George-FMI-Francia-Alemania-Fraude-Deuda-Merkel-Sarkozy La entrevista, realizada por Nick Buxton en el Transnational Institute fue realizada en julio, antes de que los especuladores se cebasen sobre el Estado español e Italia, por lo que las preguntas se centran en el caso griego. No obstante, las palabras de George tienen plena vigencia y explican el contexto en el que se da la crisis de la deuda en Europa y, sobre todo, su raíces.

Usted se dio a conocer por su trabajo sobre la crisis de la deuda en los años ochenta y noventa. La de entonces era una crisis de los llamados países en desarrollo, pero ahora parece que está afectando principalmente a los países desarrollados. ¿Cómo lo explica?

Las causas de la crisis de la deuda en los países del Tercer Mundo no eran las mismas que las de ahora. En los años setenta, gran parte del dinero de los préstamos se destinó a armamento, al gasto de las clases medias y altas en importaciones de productos de lujo, al creciente precio del petróleo y a proyectos de desarrollo mastodónticos; es decir, fue un gasto improductivo. Además, los Estados Unidos aumentaron de repente los tipos de interés, de forma totalmente unilateral, en 1981.

John Perkins, en su libro «Confesiones de un gángster económico», afirma que se desplegó una política deliberada para endeudar y controlar a las economías en desarrollo. Se trata de su testimonio personal, que se debería corroborar con otras evidencias, pero sabemos sin duda que los países más ricos utilizaron la deuda para conseguir precisamente eso: imponer las condiciones de los Estados Unidos y de otros países acreedores, por las que se obligó a los países en desarrollo a entrar en la economía mundial en términos muy desfavorables.

La gran causa de la actual crisis de la deuda europea es que los gobiernos han asumido las deudas de bancos privados, que estallaron con la crisis financiera. El caso más evidente es el de Irlanda, que asumió la responsabilidad de todo lo que debían sus bancos, pero lo mismo sucede con todos los países que están ahora en dificultades.

De hecho, la deuda de la mayoría de países europeos es bastante modesta. A principios de este año, España sólo debía el 55% de su PIB. Incluso el estricto Tratado de Maastricht dice que un 60% está bien. Italia y Bélgica, por ejemplo, están muy por encima del 100%. Pero muchos países donde se está predicando el mensaje de la austeridad, como Francia, no tienen ningún problema.

La gente tiende a pensar -y es lo que los medios le dicen que piense- que la deuda de un hogar es lo mismo que la deuda de un país. Pero no es así. Una familia no puede vivir mucho tiempo por encima de sus medios, pero los países, especialmente en la era moderna, siempre lo han hecho. Los Estados Unidos no han estado libres de deuda desde el siglo XIX. La idea de cero deuda nacional es una total fantasía.

Evidentemente, lo mejor es que, si pides un préstamo, lo inviertas de forma productiva. Y si tienes demasiada deuda, acabas pagando demasiados intereses a los prestamistas. Pero la «deuda soberana», como se llama, no debería de ser un problema.

¿Cuáles cree que serán las consecuencias de estas políticas?

Las políticas europeas hasta la fecha están siendo desastrosas. Están aplicando los llamados «remedios» que se impusieron a los países en desarrollo en los años ochenta, en lo que ahora se conoce como «la década perdida del desarrollo». Los programas de austeridad que se están imponiendo a Grecia, Irlanda o Portugal están directamente sacados del manual neoliberal de los programas de ajuste estructural, punto por punto y coma por coma.

El resultado es una feroz contracción de esas economías, hasta un punto sin precedentes. Cuando se impusieron medidas como las privatizaciones, los recortes salariales y la eliminación del gasto social en países realmente pobres como Níger, éstas se tradujeron en una hambruna y en muchísimas muertes. En Europa, tenemos algo más de margen, contamos con algunos cojines. Pero la economía griega ya se ha reducido en más de un 5% este año, el desempleo se ha disparado, los pequeños comercios se están hundiendo y se está privatizando absolutamente todo.

Es una política criminal concebida para empujar a los trabajadores al siglo XIX, para deshacerse de los beneficios sociales por los que la gente luchó durante muchas generaciones. Como siempre, los ricos se escaparán y el capital internacional vivirá días de gloria con las oportunidades que ofrecen las privatizaciones. La gente corriente está pagando el doble por la crisis financiera: primero para rescatar a los bancos y, ahora, para sacrificar y arruinar a sus propios países y medios de vida.

¿Qué respondería a aquellos que dicen que la culpa es de Grecia y de su incapacidad para controlar las finanzas públicas?

La gente dice que los griegos no pagan impuestos. Y así es en el caso de los ricos, que tienen mucho dinero en Chipre, un paraíso fiscal muy conveniente. Según los datos de una sociedad financiera suiza, sólo el 1% del dinero griego depositado en bancos suizos se declara en Grecia, y sólo el 3% en el caso de Francia. Los griegos no están jugando en solitario. Grecia también ha mantenido un presupuesto militar relativamente alto. Incluso cuando Turquía -supuestamente, el enemigo- propuso una reducción conjunta del gasto militar, los griegos se mostraron en contra.

La Iglesia ortodoxa griega, principal propietaria de tierras y bienes inmuebles del país, paga cero impuestos, lo cual no tiene ningún sentido. Hay también una gran economía sumergida. Y cuando el partido PASOK llegó al poder, se encontró con que sus predecesores habían amañado las cuentas y minimizado todo lo que debía el país.

A pesar de eso, deberíamos recordar que Grecia representa un mero 2% de la economía europea. No da para justificar esta increíble crisis o drama. Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) no están tratando el tema como una cuestión económica de endeudamiento e impago, sino como una obra moral en la que hay que castigar a los griegos.

Incluso si incluimos a Portugal e Irlanda, estamos hablando de una pequeña parte de la economía de la eurozona. Con España, las cosas empiezan a ponerse más serias, ya que representa en torno al 11% de la economía europea. E Italia… bueno, nadie quiere siquiera plantearlo.

Lógicamente, la austeridad sólo empeorará las dificultades económicas: menos ingresos fiscales, más desempleo, bajas inversiones, una mayor economía sumergida, etcétera. Además de un tremendo sufrimiento humano y un posible derrumbe del euro. No ha habido ni un solo caso en que un país mejorara su situación con las políticas de austeridad del FMI.

Los economistas neoliberales han conseguido eliminar toda la memoria histórica de los años treinta, cuando se utilizaron políticas keynesianistas para luchar contra la Gran Depresión. En lugar de ello, nos vemos enfrentados a un enconado problema de deuda, a una economía estrangulada por la austeridad y a ninguna esperanza de recuperación.

¿Cree que Grecia debería haberse declarado en quiebra? ¿Qué alternativas debería de haber seguido Grecia?

Los griegos no pueden pagar y entrarán en quiebra. Ya lo han hecho, pero nadie lo está llamando así. Después de llevar al país al borde del precipicio, se utilizará algún apaño para disfrazar la realidad.

Si yo hubiera sido [el primer ministro griego] Papandreou, habría dicho: «No podemos pagar y no pagaremos». Después, habría calculado qué porcentaje de esa deuda es «odiosa», un concepto jurídico que equivale a ilegítima, y qué podría afrontar razonablemente el país con el tiempo.

Después, habría declarado que Grecia no pagaría un X% -digamos la mitad, el 50%- de la deuda, y propondría negociar con todos los bancos privados para determinar con qué condiciones se pagaría el resto: con plazos de vencimiento más largos, menos tasas de interés, etcétera. Los bancos deberían elegir entre no recibir nada o recibir el 50 por ciento de algo. Y recordemos que no tienen un Ejército, así que no van a invadir Grecia. Y Grecia ni siquiera tendría que salir de la zona euro porque los tratados no prevén disposiciones para obligar a un país a abandonarla.

Está claro que las medidas provisionales no funcionarán en Irlanda ni en Grecia. Ni siquiera estoy segura de que esa sea la idea. En los países en desarrollo, y ahora en Europa, la deuda permite a los acreedores ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un Ejército o a una administración imperial. No es ninguna casualidad que los latinoamericanos priorizaran devolver el dinero al FMI en cuanto se lo pudieron permitir. Era la única forma que tenían para poder retomar el control de sus economías.

Deberíamos recordar lo que escribió Keynes en los años veinte en su «Consecuencias económicas de la paz». Keynes advertía que Alemania no podría pagar sus deudas de la posguerra y que eso se pagaría, nunca mejor dicho, con el infierno. Y así fue, pero Alemania obtuvo un acuerdo para la deuda totalmente distinto después de la Segunda Guerra Mundial, por el que se limitaba el servicio de la deuda y el pago de los intereses tremendamente; unas condiciones que ahora no están dispuestos a ofrecer a Grecia.

¿Quién cree que es responsable de la crisis?

Son el sector financiero, los políticos nacionales y locales, los políticos europeos y, por supuesto, el Tratado de Lisboa y las estructuras del Banco Central Europeo, que mantienen a la eurozona en una camisa de fuerza económica.

Nadie obligó a los bancos franceses y alemanes a comprar tanta deuda griega. Los mercados financieros asumieron, sencillamente, que los bonos griegos eran igual que los alemanes; pero ahora se han dado cuenta de que los bonos griegos son griegos, y están decididos a recuperar tanto dinero como sea posible a los tipos de interés más altos que puedan, y sin tener en cuenta los costos sociales.

Y muchos gobiernos europeos gobiernan claramente en nombre de su sector financiero. Pero están jugando con fuego, y aún pueden hacer saltar por los aires la eurozona, con lo que se abriría un panorama incierto.

¿Cuáles son los problemas estructurales del euro que han contribuido a la crisis?

Yo soy una ferviente europea, por lo que me gustaría que el euro durara, pero ahora mismo no tenemos la maquinaria económica y social para seguir con él. Tenemos una divisa común, pero no tenemos políticas fiscales, económicas ni sociales comunes. En lugar de aumentar los impuestos, los gobiernos están compitiendo para reducirlos, como en Irlanda, que tiene un impuesto de sociedades del 12,5 por ciento.

Tenemos un presupuesto europeo ridículo, ningún impuesto paneuropeo y ningún impuesto sobre las transacciones financieras. Las transacciones mundiales, sólo sobre los mercados de divisas, se sitúan ahora en la astronómica cifra de 4.000.000.000.000 dólares al día. Incluso aunque sólo le impusieran un gravamen de 1/10.000, se recaudarían unos 400 millones de dólares al día. Y con ese dinero se podrían solucionar muchos problemas.

El obstáculo es el Banco Central Europeo, no el euro en sí. El Banco Central Europeo no presta a los gobiernos, sino a los bancos, al 1% o menos. Y después, los bancos prestan a los gobiernos. La deuda a corto plazo de Grecia e Irlanda tiene un estatus de «basura», y ahora tiene un precio del 20%.

El BCE, a diferencia de otros bancos centrales, no emite eurobonos o títulos europeos. De forma que los que gobiernan en realidad son los bancos y las agencias de calificación de riesgos. Necesitamos eurobonos, no sólo para desincentivar la especulación desenfrenada contra países concretos, sino también para que Europa puede invertir en grandes proyectos medioambientales y de infraestructuras que ningún país puede afrontar en solitario.

¿Hay otros problemas de la gobernanza económica europea que hayan contribuido a la crisis?

Uno de los motivos por los que luchamos tan duramente contra el Tratado de Lisboa en Francia es que consagra la política económica neoliberal en el corazón de Europa, y establece el marco para el tipo de crisis a las que debemos hacer frente hoy día. Ahora, la Comisión Europea quiere examinar los presupuestos nacionales de cada país antes de que los voten sus respectivos parlamentos para asegurarse de que cumplen con determinadas normas. Se trata de un ataque directo a la democracia.

En la Comisión Europea todo se juzga en función de la «competitividad», que lleva, entre otras cosas, a una competición suicida entre los propios países europeos. No todo el mundo puede ser Alemania. En la eurozona, el gasto público se sitúa aún en torno al 50% del PIB, pero las grandes empresas y el capital quieren hacerse con el control de todo lo que puedan. De nuevo, se nos está arrastrando poco a poco al siglo XIX.

¿Cómo deberían responder los movimientos sociales a la crisis? ¿Qué alternativas podemos poner sobre la mesa?

Para empezar, someter a control al sector financiero, gravar las transacciones financieras, y obligar a los gobiernos europeos, especialmente a los de la eurozona, a actuar de forma solidaria entre sí.

Realizar auditorías de la deuda para determinar qué parte de ella es «odiosa» o ilegítima.

Desarrollar un mecanismo para solventar la deuda que no esté totalmente sesgado a favor de los acreedores.

Necesitamos eurobonos y una nueva carta para Europa, en que el BCE sea algo más parecido a la Reserva Federal estadounidense.

Usar el bancor de Keynes [el «bancor» es una unidad monetaria internacional propuesta por J.M. Keynes a las negociaciones que establecieron los Acuerdos de Bretton Woods, en 1944] como divisa para el comercio. Pero para hablar de eso, ¡necesitaríamos otra entrevista!

Mientras tanto, estaría más que contenta con que las agencias de calificación de riesgos fueran organismos públicos y sin ánimo de lucro, y que sean los gobiernos, no los bancos, los que gobiernen para los ciudadanos y las ciudadanas.

Susan George es Investigadora asociada y presidenta de la Junta del TNI y presidenta honoraria de Attac-Francia [Asociación por una Tasa sobre las Transacciones especulativas para Ayuda a los Ciudadano].  Autora de 14 libros traducidos a numerosos idiomas, habla de su trabajo con convicción; una convicción que comparte con todo el TNI: “La tarea del científico social responsable es, en primer lugar, desvelar esas fuerzas [de la riqueza, el poder y el control]; en segundo lugar, escribir con claridad sobre ellas (…) con el fin de que las personas corrientes tengan instrumentos adecuados para la acción; y, por último (…) adoptar una posición de defensa de los desfavorecidos, los desamparados, las víctimas de la injusticia”

9 agost 2011

¿Qué son los mercados financieros y la especulación financiera?

Filed under: Economía — anpoto @ 16:18 pm

Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC.

De entre todos los conceptos que ahora pululan en todos los debates políticos, y que antes estaban prácticamente reservados para los debates técnicos entre economistas, hay uno de especial interés que conviene ayudar a clarificar: el de los mercados financieros. En efecto, hoy los mercados financieros están en todas partes (televisión, prensa, e incluso en los bares), pero en general todavía hay un amplio desconocimiento acerca de lo que son realmente y cómo funcionan. Por eso he decidido hacer unas breves anotaciones que puedan ayudar a resolver algunas dudas importantes.

¿Qué es un mercado?

En primer lugar conviene recordar que el término mercado hace referencia al espacio, físico o virtual, en el que se encuentran compradores y vendedores de algún bien o servicio. Es decir, existe mercado allí donde se intercambien productos entre dos partes, la que los compra y la que los vende, y por ende cualquier producto tiene su mercado.

Eso significa que si nosotros queremos vender nuestro viejo libro de economía neoclásica, porque ya no nos sirve, lo que tenemos que hacer es ir a un mercado donde podamos encontrar compradores para el mismo. Lógicamente no vamos a ir al banco a venderlo. Lo que hacemos es buscar un mercado de libros de segunda mano. Cuando vamos directamente a la librería de segunda mano lo que estamos haciendo es ir a un mercado, el de los libros de segunda mano, porque sabemos que esa librería actuará de intermediario. La librería se encarga de reunir a compradores y vendedores y tratar de ir realizando transacciones a cambio de una comisión. La librería te compra el libro a 5 euros y lo vende a 7 euros. Actúa como intermediario y como creador de mercado puesto que en sí misma la librería es el mercado. Puede haber muchas más librerías de ese tipo en la misma ciudad, e incluso librerías online, y al negocio completo lo llamamos en abstracto el “mercado de libros de segunda mano”.

 

La liquidez y el precio en un mercado

Cuanta más participación haya en un mercado mayor capacidad tendremos nosotros para poder comprar y vender nuestros bienes y servicios. Si resulta que hay pocos vendedores y pocos compradores de libros el mercado será lento e ineficiente. Si queremos vender nuestro manual de economía neoclásica y resulta que dentro de los pocos compradores potenciales de libros no hay ninguno al que le interese la economía no podremos realizar la venta. Eso significa que seguiremos esperando un comprador con nuestro libro en la mano. Se dice entonces que el mercado es poco líquido, es decir, que la capacidad de convertir los bienes en dinero constante y sonante es muy reducida. Si por el contrario hubiera muchos vendedores y muchos compradores sería mucho más sencillo encontrar otra persona que quisiera nuestro libro, por lo que quizás en muy poco tiempo obtendríamos el dinero.

Y de la relación entre el número de compradores y el número de vendedores surgen los precios. A partir de la siguiente regla: a mayor demanda, mayor precio (y mayor oferta, menor precio). Si, por ejemplo, vamos con nuestro libro de economía a una librería especializada en física es probable que no encontremos compradores y que el intermediario -sabedor de ello- no quiera comprarnos el libro o nos ofrezca por él un precio muy bajo, digamos de 1 euro. Si en cambio nos dirigimos a una librería especializada en economía entonces allí sí habrá muchos compradores y, por lo tanto, demanda. Si quisiéramos vender nuestro libro directamente a los compradores, éstos competirían entre sí por ofrecer el mejor precio con el que convencernos. Exactamente como en una subasta. Así que el intermediario -sabedor de ello también- nos ofrecerá por nuestro libro un precio mucho más alto, digamos de 5 euros.

Cada mercado tiene sus participantes

En el mercado de libros de segunda mano suelen participar únicamente individuos particulares que desean comprar y vender libros, pero no participan bancos, empresas o agentes económicos más grandes. Eso es porque cada mercado suele tener sus propios tipos de participantes.

Y esto es muy importante porque todos esos agentes que no son individuos, y debido a su poderío económico, pueden modificar el mercado con facilidad. Precisamente porque tienen la capacidad económica, ya que manejan grandes sumas de dinero, pueden comprar y vender de forma estratégica, buscando ser favorecidos en las transacciones.

Por ejemplo, los bancos actualmente tienen en España un gran stock de viviendas en venta pero que no consiguen vender. Pero en España también hay gente que quiere comprar viviendas. La clave está en que los precios de oferta y los precios de demanda no coinciden, es decir, que por lo que los compradores están dispuestos a pagar es mucho menor que por lo que los vendedores están dispuestos a vender. Si los bancos bajaran los precios de las viviendas entonces los compradores podrían estar de acuerdo. Los bancos, además, reducen artificialmente la oferta de viviendas al no poner en venta muchas de las viviendas que tienen y creando de esa forma una escasez aparente para mantener los precios altos.

Y esto es crucial. Cuando hay pocos participantes en el mercado (en una de las partes) o un participante es muy poderoso económicamente puede influir mucho en cómo evolucionan las transacciones. Digamos que puede influir en la oferta y en la demanda, y por lo tanto en los precios. Los tres o cuatro bancos más grandes pueden ponerse de acuerdo para no bajar los precios de las viviendas y mantenerse esperando que los compradores se atrevan a ofrecer más, o bien pueden también comprar masivamente casas para elevar artificialmente el precio (ya que sube la demanda).

El mercado de deuda pública

Todos los mercados a los que antes hemos hecho referencia son mercados de bienes físicos. Ahora vamos a adentrarnos en los mercados financieros, es decir, en aquellos en los que se negocian títulos que conllevan compromisos futuros de pago. El más conocido por su radiante actualidad es el mercado de deuda pública.

El mercado de deuda pública es el mercado donde se encuentran por una parte los países que necesitan financiación y, por otra, los inversores que están dispuestos a proporcionarles esa financiación. Ya sabemos que cuando un Estado tiene déficit (menores ingresos que gastos) necesita pedir prestado, y una de las formas para hacerlo es emitiendo títulos de deuda pública. Esos títulos que emite son comprados por inversores que lo que están haciendo en realidad es prestar al Estado ese dinero a cambio de que en un plazo de tiempo determinado el Estado les devuelva ese dinero junto con un porcentaje de intereses. Al porcentaje de intereses se le llama rentabilidad.

Como todos los Estados tienen necesidad de endeudarse el mercado de deuda pública está siempre muy activo, especialmente en tiempos de crisis. Hay mucha oferta (títulos de deuda pública de diferentes países) y mucha demanda (inversores que buscan rentabilidad segura, puesto que se supone que los títulos de deuda pública son los más seguros; si no paga el Estado es que la cosa está verdaderamente mal). Y en este mercado los participantes son fundamentalmente los grandes inversores financieros (banca y fondos de inversión gestionados por ellos), y no ya tanto los particulares (que en cualquier caso pueden participar).

Si nosotros somos el gestor de un fondo de inversión de un banco, es decir, una persona que tiene a su cargo una gran cantidad de dinero que quiere revalorizar, esto es, convertir en más dinero, tendremos que valorar si nos conviene invertir en el mercado de deuda pública. Y si decidimos que sí debemos también decidir qué títulos concretos de deuda pública comprar. Por eso vamos al mercado de deuda pública y vemos qué ofrecen los diferentes países.

El sistema de venta de títulos es por subastas, aunque hay varios tipos de subastas así como también hay varios tipos de títulos y vencimientos (plazos de devolución), así que cada país ofrece un precio por sus títulos de deuda. Los inversores buscan siempre los títulos más baratos porque son los que ofrecen más rentabilidad. Se sigue el siguiente razonamiento: menor precio refleja más inseguridad y mayor rentabilidad. Si el precio es bajo significa que hay pocos compradores y eso significa que la gente no se fía suficiente de que se les devuelva el dinero, por lo que esos compradores exigen una rentabilidad más alta. Si un país, por ejemplo España, ofrece títulos y en la subasta van pocos compradores entonces tendrá que bajar el precio de sus títulos y, por ende, subirá la rentabilidad de los mismos, es decir, pagará más en concepto de intereses por cada título que venda a los inversores.

En realidad cada país está haciendo sus subastas y llamando de esa forma a los inversores. Y los resultados de esas subastas son diferentes según los países, diferencias de las cuales nacen conceptos como el de “prima de riesgo” (que cuantifica la diferencia de rentabilidad ofrecida por los países respecto de Alemania, que es el país con una economía más sólida). Se supone entonces que los precios de los títulos reflejan los fundamentos de la economía o, más concretamente, la capacidad que cada país tiene para devolver el dinero. Pero en realidad no sólo depende de eso.

La especulación en el mercado de deuda pública

Sabemos entonces que por un lado tenemos a la oferta (países) y por otro lado a la demanda (los inversores), que se reúnen en el mercado de deuda pública para negociar. Unos buscan financiación y otros la ofrecen a cambio de un porcentaje en intereses y el compromiso de devolución del dinero prestado. Y como en todo mercado también se puede influir en él para crear unas mejores condiciones que te favorezcan.

Supongamos ahora que soy un inversor. Concretamente soy Jorge Soros, gestor de un fondo de inversión multimillonario. Me levanto por la mañana y miro en las pantallas de mi oficina cómo están los indicadores fundamentales de la economía (crecimiento, inflación, etc.), las noticias de última hora (las declaraciones de los gobiernos, por ejemplo), las subastas de deuda pública programadas para hoy y también los mercados secundarios de deuda pública (que son los lugares donde se compran y venden los títulos de deuda pública por segunda y más veces; como los libros de segunda mano pero en títulos). Entonces planeo mi estrategia.

Como gestiono un fondo multimillonario tengo capacidad para mover el mercado, es decir, mi oferta de compra o venta es tan cuantiosa que es prácticamente la totalidad del mercado. Si decido comprar títulos de deuda pública de España eso incrementará la demanda y eso mandará una señal al resto de inversores: la gente está comprando títulos de España, lo que quiere decir que se fían de ellos y por lo tanto son más seguros. En consecuencia el precio subirá y la rentabilidad caerá. España podrá conseguir dinero más barato (pagará menos en concepto de intereses). Pero claro, ¿para qué yo, Jorge Soros, voy a querer comprar títulos que me den poca rentabilidad? Tengo mejores planes, concretamente imitar la estrategia que un tal George Soros hizo en el Reino Unido en los noventa y que hizo a un país entero ceder ante él (ver aquí).

Lo que hago como inversor es lo siguiente. Voy al mercado secundario de deuda pública y pido prestados muchos bonos, una gran cantidad. Cuando tengo todos esos bonos voy preparando el terreno para el ataque, lo que consigo gracias a la publicación de rumores y exageraciones (“España va mal”, “sus cuentas no salen”, “los planes no funcionan”, “se necesitan más recortes”, etc.) y cuando los tambores de guerra han sonado suficiente… en ese momento vendo masivamente todos los títulos que me han prestado a un precio de 1.000 euros el título. Entonces el resto de inversores que están también mirando sus pantallas ven lo siguiente: noticias de desconfianza en España y un número bestial de venta de títulos de deuda pública. Esos inversores razonan pensando que los inversores están vendiendo títulos de deuda pública porque no se fían, y entonces todos hacen lo mismo. Se produce una estampida con muchas decisiones de venta que hacen bajar los precios. Y cuando los precios han bajado mucho aparezco yo otra vez, Jorge Soros, y los compro masivamente a 200 euros el título.

Consecuencias de todo el proceso: yo vendí los títulos a 1.000 euros y los compré a 200 euros. Como eran prestados también tendré que pagar un poco en concepto de intereses a la hora de devolverlo, pero seguiré ganando. Y la otra consecuencia es que España está bajo ataque permanente y en la próxima subasta que haga los inversores le exigirán mucha mayor rentabilidad porque en teoría el mercado (secundario de títulos) está reflejando que no garantiza bien la devolución de los títulos, es decir, que su política económica debe cambiar para asegurar más confianza. Es entonces cuando llegan los planes de ajuste “impuestos” por los mercados financieros y el ya conocido “chantaje de los mercados“.

Los agentes financieros y las operaciones especulativas

Como nuestro yo del ejemplo, Jorge Soros, está repleto el sistema financiero. Y no es para menos puesto que la única lógica del capital financiero (ese dinero que busca transformarse en más dinero) es ni más ni menos que buscar las oportunidades de mayor rentabilidad y, si es posible, crearlas. Los especuladores son en realidad los propios inversores, no son una figura distinta, ya que su lógica es lo único que cuenta. Y como tales operan como los tiburones: huelen sangre (por ejemplo cualquier noticia real de una economía, tal como las trampas contables de Grecia) y atacan sin piedad extorsionando hasta el límite.

No hay inversores buenos ni inversores malos: son todos inversores operando con sus propias reglas, por supuesto inmorales y antisociales (pues sólo responden ante la rentabilidad). Es un capitalismo de hipercompetencia (leer esto para ver ejemplos y entender la lógica) y sólo los más “listos” ganan. Los mercados financieros no son entes abstractos como nos hacen creer, y tampoco son entidades divinas que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Son simples jugadores de casino aprovechando su inmenso poder para hacer y deshacer la economía mundial, sin atender a las consecuencias.

Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo estos agentes (bancos, fondos de inversión, grandes empresas, etc.) han creado las condiciones para explotar mucho más este negocio. Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión a todos los niveles y eliminando casi todas las normas que limitaban diferentes prácticas, y han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más y más para seguir respondiendo al mismo objetivo. El ejemplo de Jorge Soros es uno más entre tantas otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado.

Por todo esto, y por mucho más, estamos completamente legitimados cuando decimos que en este mundo, nuestro mundo de hoy y no el del siglo XIX, la clase dominante que se parapeta tras los bancos y fondos de inversión, está explotando y desplumando a las clases populares. Y como dijo el multimillonario Warren Buffet “la lucha de clases sigue existiendo, pero es la mía la que va ganando”. Para cambiar ese hecho creo que necesitamos empezar a comprender la esencia de los fenómenos que están detrás de cada paso de regresión social.

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