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2 octubre 2009

Jazz o no jazz

Filed under: Música — anpoto @ 19:33 pm

SÁNCHEZ, Leo. “Jazz o no Jazz” [en línea]. Cuadernos de Jazz. juio/octubre 2009 nº 113-114. http://www.cuadernosdejazz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=365:jazz-o-no-jazz&catid=8:general&Itemid=5 [consulta: 2 octubre 2009]

Ahora que se ha ido el verano y con él la consabida tanda de festivales de jazz, vuelve a llamar la atención la heterogeneidad de los carteles. Sin rebuscar mucho en ellos, en San Sebastián hemos tenido a Vetusta Morla, Pitingo o James Taylor, y en San Javier a John Fogerty. Y mientras unos se ofenden por estas cosas, otros dan gracias de que un festival de algo que no saben muy bien lo que es haya llevado por fin a su ídolo por el vecindario.

No es una cuestión de ahora, claro está. En 1958, Chuck Berry apareció, a instancias de John Hammond, en el Festival de Newport. Las cámaras de Jazz on a Summer’s Day captaron el entrañable momento en que Jo Jones intentaba pillar las paradas de “Sweet Little Sixteen” mientras Jack Teagarden se limitaba a observar con una sonrisa de oreja a oreja. Da la impresión de que los organizadores quisieron justificar la presencia del rockero haciéndolo acompañar de músicos de jazz -o tal vez, sencillamente, fuera más barato tirar de una banda que ya andaba por ahí-. Al final hubo que llamar a la policía.

Jazz trio


Estas cosas ya no pasan porque la égida del jazz acoge sin complejos prácticamente a toda clase de músicos. Evidentemente, los festivales se atienen a criterios puramente prácticos: para llenar sus extensas programaciones se hace necesario recurrir a artistas en gira y que puedan hacer buenas cajas; luego están las compañías discográficas y las agencias, que viven de la promoción y los porcentajes; y por supuesto los músicos, que lo que quieren es tocar.

La causa puede ser el vil metal, pero lo interesante es el efecto: la percepción de que la etiqueta de jazz se extiende a toda música que se salga de lo puramente convencional, a toda música cuya etiqueta propia no suene con suficiente fuerza. En un extremo tenemos a músicos de conservatorio en ardua pugna por becas y subvenciones ya que, a veces por desgracia y a veces por suerte, nadie quiere escucharlos. En el otro tenemos a las estrellas del pop-rock a las que medio mundo quiere escuchar y a las que el otro medio no tiene más remedio que oír.

El enorme resto, sin subvenciones ni radiofórmulas, en un mundo cada vez más vacío de oportunidades, más uniforme, más vulgar, rechaza su diversidad -al menos de puertas afuera-, se globaliza y se llama a sí mismo jazz. Desde hace años, el cartel de “Festival de Jazz” viene a decir en última instancia “Aquí se toca música con prestigio”. Como todo reclamo publicitario, tiene algo de exageración, pero también ese efecto subliminal tan codiciado por los creativos de las agencias. Y, de acuerdo, todavía tenemos claro que Fogerty no hace jazz, ni lo va a hacer nunca, ni tiene por qué, pero en cierto sentido el jazz sale en su defensa agradeciéndole los servicios prestados en nombre de todo ese público que ya no tiene a quién encomendarse. Quién sabe, quizá cuando Bruce Springsteen ya no llene estadios lo veamos haciéndose los festivales de jazz de verano. piano2


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